La Poderosa


Huellas de un barrio sobre ruedas by hastalavictoriasiempre
5 agosto 2009, 4:36 pm
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Tunin 1
Enumerar todas las profesiones, los incontables oficios o simplemente los infinitos pasatiempos que existen en el planeta podría resultar imposible o, más que imposible, sería aburrido y además nos podría tomar toda la vida. Quizás sea mejor contar una sola historia. Una historia de inusitada cotidianidad, de ésas con las que suele arremeter Bajo Yapeyú.
Tunning, tuning o tunin, poco importa ya el devenir del término, porque, más allá del nombre, lo importante es que también la experiencia misma del tunning, tuning o tunin ha sido reelaborada. Nuestros barrios tienen la capacidad de crear y recrear, tomando esto y no aquello, según sus necesidades. Aquel sábado el objetivo era preciso, acotado, claro: tunear una bicicleta con témperas; transformar, en este caso, una bici de pequeñas dimensiones.

tunin 3El espacio de arte de los sábados cambia de acuerdo al dictado y las ideas de los chicos y chicas que lo conforman. Ese día César y Tato coincidieron en que era urgente dar color y vida a la pequeña bici. Los elementos básicos, evaluaron, serían témperas, pinceles y cartones a manera de paleta de pintor. En equipo se trabaja mejor, César y Tato no dudaron en juntar sus manos. Sólo les restaba poner su arte bajo la incondicional mirada del sol invernal cordobés.
La primera tarea era llevar la bici hacia el Campito de todos, inmejorable lugar, por la amplitud y el aire libre, para situar la bici y crear cómodamente. Luego había que poner el vehículo en la posición correcta, “ruedas para arriba”, como se dice en el oficio de tuneador de mini bicis. Había que elegir los colores y el diseño. Unas miradas sagaces entre Tato y César bastaron para decidir que el azul sería el color predominante y el verde sería para las franjas. Esa combinación quedaría “mortal”, máxima calificación de belleza en la jerga. Todo estaba listo y pusieron pinceles a la obra.

Tunin 2En invierno el pasto es poquísimo y a los tuneadores les divirtió desparramar sus cuerpos sobre la tierra y ensuciarse un poco para pintar. Gajes del oficio, tal vez. Los trazos de pincel iban y venían, cada tanto había una pausa para tomar distancia crítica de la tarea, caminando unos cinco pasos hacia atrás. Después de la deliberación y de un trago de agua continuaba la tuneada. Por momentos había que pararse para poder pintar mejor. También se debía mirar si no había demasiada pintura en los dedos; los tuneadores saben que eso es señal de que mucha témpera está en un lugar inapropiado. Una hora duró la delicada tarea.
El veredicto de los tuneadores fue espontáneo y al unísono: “La bici quedó mortal”. El público, unánime, coincidió. El dueño de la bicicleta sonreía. César y Tato le habían tuneado la bici a un amigo. Fue una gran satisfacción ver rodar a la máquina cortando la tarde cordobesa. Una belleza.



En apoyo la identidad no es formal, es popular by hastalavictoriasiempre
20 julio 2009, 5:21 pm
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Arte Popular

Todos en el barrio le dicen Tito, pero nadie tiene idea de las razones. No se llama Norberto, ni Alberto. Nunca le dijeron Robertito, ni Ernestito. Es simple, claro y llano: Tito. No hay que dar vueltas. Si Tito se siente cómodo cuando le dicen Tito, es suficiente. Sin embargo, la vida tiene esas vueltas y tumbacabezas que no son ajenas a Bajo Yapeyú. Los sábados, cuando se arrima la siesta en el barrio, Apoyo Popular es lugar de encuentro de chicos y chicas. Se cruzan historias, voces, relatos; la diversidad de la experiencia. Es mucho más que aprobar el examen del lunes. La historia de Tito dio una pirueta una de esas tardes de invierno. Era la primera vez que él se acercaba al espacio de Apoyo Popular. Llegó acompañado por su mamá. Ambos tenían un objetivo preciso: Tito quería aprender a escribir su nombre. ¿Quién es Tito? Es un pequeñín morochito con unas pecas chiquititas y simpáticas que adornan su cara, tiene 6 años, está en primer grado, es súper inteligente, muy callado y tímido. Con empuje, respeto y contención, Tito iba a aprender a escribir su nombre.

Empecemos entonces, Tito:Apoyo Popular Bajo Yapeyu

-¿Cómo te llamás?
-Soy Tito.
-Si, pero ése es tu apodo. ¿Sabés tu nombre?, así podemos comenzar a escribirlo.
-No sé… soy Tito.
-¿En el cole, la seño? ¿En tu casa? ¿Tus amigos?
-Tito. 
-¡Escribamos Tito, entonces!

Al sábado siguiente Tito estaba acompañado por Noe, su hermanita menor, de cuatro años. Él la cuida siempre y no la deja sola nunca. Ambos llegaban con algo nuevo, traían algo entre manos, sus ojitos eran enigmáticos. Por fin, una vez todos acomodados, la más pequeña de los hermanitos soltó a viva voz: “¡Le preguntamos a mí mamá! ¡Tito se llama Sergio, su verdadero nombre es Sergio!”. Se llama Tito, le dicen Tito, pero su “verdadero” nombre es Sergio, su nombre formal es Sergio. Pero el origen de Tito, ¿cuál es? Misterio. Habrá que seguir averiguando, preguntando…y ¿Tito se identifica con Tito o con Sergio? ¿Sergio se identifica con Sergio o con Tito? Hoy que es chiquiTito, no hay dudas. Más adelante, habrá que ver; dependerá de Tito, pero no sólo de Tito. La única certeza, quizás, sea que en Bajo Yapeyú nada es eterno, porque al preguntarnos y encontrarnos para trabajar juntos vamos construyendo y descubriendo nuevas realidades. Y casi nunca son como están escritas en los papeles. Los cambios pueden estar a la vuelta de cada nombre…



Que no nos mate ni nos haga torta la apatía by hastalavictoriasiempre
18 junio 2009, 2:15 pm
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Córdoba2
El mate cocido es en muchos lugares una infusión especial para pasar la tarde otoñal. Para otros es el líquido saborizado que, acompañado de un pedazo de pan, engaña el estómago. Usos del mate cocido, diversidad de realidades y prácticas culturales. En Bajo Yapeyú  el mate cocido es popular y tiene un gustito propio.

CórdobaA la canchita que se está armando en este barrio cordobés, los chicos le han metido horas, horas y horas de hombros, manos, fuerzas, cabezas, entusiasmo, sudor, ganas, risas. Un momento de descanso para relajar los cuerpos se hizo necesario. Después de la participación colectiva de la comunidad para transformar un espacio yermo en una canchita, después de dos fines de semana de acción, de palas, de picotas y de cal, después del frío, dos voces vecinales se alzaron. Una era la de una madre con la predisposición siempre a flor de piel. Su ofrecimiento fue conciso e integrador: mate cocido para compartir. Más allá de las palabras, ella estaba lista para arremangarse y dispuesta a brindar su casa para calentar la olla con agua, encender el fuego y preparar la infusión. La segunda voz era la de Yésica, casi, casi de doce años, y una asidua participante de las actividades en el barrio. Sería su cumpleaños en breve. ¿Su propuesta? Compartir una torta hecha por su mamá y pasar un momento junto a los chicos y chicas de Bajo Yapeyú. Muchas voces se entusiasmaron y se sumaron. Las iniciativas eran compatibles y así se acordó entre todos.

Córdoba3Al sábado siguiente, tarde perfecta para un mate cocido calentito y algo para la panza. Tarde perfecta porque el barrio se había puesto en acción. El apoyo popular tenía lugar. Otros chicos y chicas preparaban la canchita con todo el arsenal de herramientas; también había que pintar las líneas y poner los arcos. Mientras el agua se calentaba, la yerba y el azúcar esperaban su turno. Yésica tenía lista la torta. Se sentía olorcito a merienda popular. Por fin había llegado el momento. En una ronda, después de una jornada de mucha actividad, los chicos aguardaban el mate cocido y algo sólido para recuperar energías. Había para todos, condición siempre esencial para compartir algo en Bajo Yapeyú. Con el primer sorbo, no hizo falta decir nada más. Algo nos une. Y es más que harina, agua, yerba y azúcar.



Abrigando sueños de potrero by hastalavictoriasiempre
2 junio 2009, 3:50 pm
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CanchitaCór1

El sábado cordobés helaba. Era una de esas tardes de pantalones largos, campera, bufanda, guantes y gorrito, que empujan a buscar el calor de un techo y espiar de soslayo la quietud de ese mundo desabrigado. Quizá sean así los sábados en muchos lugares. Fríos. Relajados. Descansados del trajín semanal. Sin embargo, en Bajo Yapeyú, semana a semana, el hielo se transforma en fuego, la quietud en acción y las dudas en convencimiento. Es así como el Fútbol Popular toma cada día más fuerzas. Se revitaliza alimentándose de una multitud de espíritus incansables que renuevan el compromiso sábado tras sábado. Siempre quieren más y más.

CanchitaCór3Desde el nacimiento del Campito de Todos estuvo planteado el objetivo común de armar una canchita de fútbol, para consolidar el sueño de crear un espacio de encuentro y fortaleza barrial. Colectivamente había que acordar la elección del lugar que reuniera las mejores condiciones y consultarlo con los demás vecinos. No hubo problema. Algunos parecían más entusiasmados que los propios chicos que habían hecho la propuesta. Manos a la obra. La superficie era plana, pero el descampado, atosigado de malezas, y el terreno, con piedras y montañitas de tierra que pululaban por toda su extensión, demandaron un gran esfuerzo. Toda esa naturaleza debía ser trabajada y para ello se contó con muchos brazos, energía, herramientas y agua bien calentita para el mate. Fue una sucesión de más de dos horas y media de picotazos, palazos y acarreadas.

PozosArcosMultiplicando voluntades se creó un terreno amplio y limpio, para una canchita de unos 5 o 6 jugadores por lado, y se dejaron cavados los pozos, para colocar los postes, y marcadas las líneas. Ahora, para terminar con la suma de tareas, resta poner los arcos y pintar los límites con cal. ¿Resultado? Una gran cantidad de individualidades unidas para la acción en equipo y un barrio protagonista de su  propio cambio. En poquitos días, se hará realidad la utopía que había sido sembrada apenas unos meses atrás.



La murga que redobla el compromiso by hastalavictoriasiempre
21 mayo 2009, 3:22 pm
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Murga

Cuando tres semanas atrás, desde la acción y la reflexión, quedó sembrada la necesidad de instaurar en Bajo Yapeyú una nueva actividad recreativa-formativa que pudiera unir a chicos y chicas sin importar las edades, nadie imaginaba lo que en tan poco tiempo podía ocurrir.

Murga2La propuesta inicial había sido formar un taller de teatro y una murga popular. Se acordó juntar objetos que pudieran ser útiles para hacer una caja común. La semana siguiente, una vez reunidos los materiales, comenzó la actividad con expresión corporal. Al principio algunos chicos se mostraban un poco inhibidos, pero a medida que transcurría la tarde se fueron soltando y las venas se llenaron de risas y ritmo. Marcos se animó a enseñar los pasos básicos de murga. Después, se formaron dos grupos, uno siguió con murga y el otro empezó con teatro. Finalizadas las actividades, unos chicos que estaban mirando las acciones contaron que conformaban otra murga del barrio cordobés y se ofrecieron a participar y a compartir todo lo que saben. La idea de que fueran los pibes más grandes del barrio quienes marcaran los compases de la murga en sus primeros pasos entusiasmó a todos. Siete días después, se sentía la llegada de bombos y redoblantes. Los más experimentados relataron historias emocionantes, la esencia y los principios de la murga, los orígenes de la suya y regalaron una canción compuesta por ellos, que hablaba sobre los problemas del barrio y de sus expectativas a futuro. Olor a murga popular se respiraba en Bajo Yapeyú. La tarde transcurría mágica. Cuando terminaron de explicar los pasos típicos, la charla se interrumpió abruptamente, pero la comunicación fue más intensa, porque estalló el baile entre todos de manera libre. Cada vez que la música sonaba, más chicos se acercaban a participar.

Murga3El efecto murga se hizo sentir. Como una moto imparable, que se estacionó en Bajo Yapeyú para quedarse y después reproducirse en otros barrios. La actividad se expande y los chicos añaden más complejidad en los movimientos y los pasitos. Los más grandes se interesan principalmente en tocar los bombos y otros instrumentos confeccionados entre todos artesanalmente. Los más chiquitos por ahora se vuelcan al baile. Todos se sienten muy orgullosos. La acción crece día a día, junto con el interés por participar, teniendo en claro que no se trata sólo del significado lúdico, sino de algo que sirve para pensar la realidad y fortalecer la identidad barrial, para sentirse libres a la hora de actuar e interiorizar el sentido de grupo, unión y solidaridad. Aunque estemos en otoño, la murga y el resto de las actividades de los sábados no dejan de florecer. Poco a poco va aumentando el calor, la apropiación, el compromiso y se van solidificando los lazos con actividades genuinas del barrio, con el baile y la música como una herramienta poderosa para crear, divertirse, aportar alegría a la comunidad y, sobre todo, hacer de la murga popular un motor de cambio.



Se abre el telón, a una nueva estación by hastalavictoriasiempre
6 mayo 2009, 3:44 pm
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Hay mucho movimiento, muchísimo movimiento, los sábados en Bajo Yapeyú. El otoño cordobés y los primeros fríos de mayo se hacen sentir. Pero no es esa imagen gris de una escena otoñal recortada de una revista infantil. Ni de un niño solitario caminando por el centro de una plaza quieta. Tampoco una cara escondida detrás de una bufanda movida por el soplo del viento. O árboles pelados y hojas marrones arrastradas levemente volando sin destino, reflejos de otoños sin gracia, sin alma, sin ruido, sin matices, sin barrio…

En Bajo Yapeyú al otoño gris le han dado de baja. Más bien se trata de un otoño colorinche y musical, movedizo y risueño. No hay espacio para aburrirse. Los chicos y chicas en la ronda de charla de todos los sábados han decidido transformar el otoño. Con las actividades de recreación, apoyo y fútbol popular, le vienen asestando buenos golpes a la apatía. El barrio marcha, los chicos quieren más, al otoño gris hay que darle de baja completamente.

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En la circularidad de la ronda, en la horizontalidad de las miradas, en ese terreno llano de participación, se alzaron las voces de ellos, los protagonistas, chicas y chicos de BajoYapeyú. Yamila estaba inquieta, movediza, charleta y, sobre todo, con unas terribles ganas de ver una película, aunque no sólo verla. Después de verla quería actuarla, representarla. Mauro, que ofreció varias pelis interesantes que tenía en su casa, se sumó a la idea de contar un cuento y luego actuarlo. ¿Alguien dijo hacer títeres? Sí, sí, fueron varias respuestas. Otra voz, más solidaria que finita, contribuyó, puedo traer medias y botones. Mucho surgía. ¿Qué peli? ¿Qué cuento? ¿Quiénes actuarían? ¿Quiénes podrían ser los titiriteros? ¿Esto es un taller de teatro en sus primeros pasitos? Claro que sí. Pucha, ¡qué pedazo de creación ha nacido de los chicos en una tormenta primaveral de ideas y propuestas!

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El otoño gris no va más. Los chicos lo han despojado de los rudimentos de colores apagados y de toda clase de pereza. No se trata de ningún pincel mágico. Quizá sí de algo igual de poderoso. Pero el pincel de Bajo Yapeyú es un poder que se consigue en la tierra, en la savia de los barrios, en el trabajo colectivo. Un ladrillo fue puesto, el taller de teatro pide camino. Falta simplemente que el tiempo germine al entusiasmo de los sábados y el telón se abra para abrigarnos de un otoño ya nunca más gris. La decisión es firme, los chicos del barrio así lo quieren…



LAS MALVINAS Y NUESTROS PIBES, A DIARIO by hastalavictoriasiempre
20 abril 2009, 8:29 pm
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Malvinas, según Gente.

 

Diversas experiencias en los distintos ámbitos donde aprendemos nos marcan a fuego, circulan por todos lados y nos enseñan que vale la pena buscar el trampolín al conocimiento, aun desde las plataformas más aterradoras.

Entre las tareas a resolver, la tarde cordobesa de apoyo popular en Bajo Yapeyú se encontró con un dolor sembrado hace 27 años: “Cuál es su opinión sobre la guerra de Las Malvinas” fue la consigna que le dieron a Ayelén en el cole. Con tan solo 9 años, sus dudas eran miles y su curiosidad superaba los límites de la tarea escolar. Sheila, como buena hermana, también participaba y ayudaba en la búsqueda de respuestas, mientras chicas y chicos cuchicheaban y cultivaban ideas, antes de que se armara la charla entre todos.

 

Malvinas, según La Nación.La ansiedad de los chicos los llevaba a investigar lo sucedido desde el principio, pero mejor, ir pasito a paso. Primero hubo dos preguntas fundamentales: ¿Qué es una guerra? ¿Qué son Las Malvinas? Las diferentes ideas que cada uno traía en su cartuchera nos hicieron concluir en que una guerra es una ocasión donde la gente utiliza armas y se arreglan los problemas mediante el uso de la violencia: “Yo no estoy de acuerdo con eso”, adelantó Aye. Luego, con un mapa, aprendimos que Las Malvinas son unas islas que están en el sur, allá donde hace mucho, mucho frío y, finalmente, interpretamos que la guerra entre la Argentina e Inglaterra fue la puja por la posesión de esas tierras, en la empírica violación de la soberanía de un país más débil que otro. Sí, pero también fue un cerebro represor oxidado por el alcohol, el criadero imperialista de un Cóndor demente y la alienación de un pueblo oprimido a partir de un genocidio camuflado desde los mismos medios de desinformación que alentaron un estéril nacionalismo, como entes serviles que le guardaban bien ocultos ése y muchos otros móviles a la criminal dictadura militar, estirando y oscureciendo los días negros de la Argentina, a fuerza de tantas mentiras, de tantas vidas, de tanta muerte.

 

Malvinas, según Clarín y Crónica.

 

De la guerra, volvimos a nuestra cotidianeidad, pues la historia de ayer se vuelve una hoja de ruta imprescindible hoy, para caminar hacia el mañana. ¿Por qué alentaba entonces al terrorismo de Estado el mismo imperio que ahora se autoproclama antiterrorista? ¿Por qué intentan dar cátedras de moralina las mismas páginas que se volvieron ilegibles con tanta letra borroneada y tanto papel manchado, por la humedad del whisky, la sangre y las lágrimas?

Así, surgieron cuestionamientos a los modos de resolver los conflictos, que esto, que lo otro y que lo demás también, pero colectivamente entendimos que estudiando, adquirimos armas para asesinar a la injusticia; armas sin fuego que nos permiten argumentar nuestra posición, porque no hay mejor trinchera que una cimentada en el diálogo y la razón. Además de la muerte, el miedo y el último segundo de una mirada acribillada, lo malo de tanta guerra sembrada hoy en todo el mundo es que sus bombas, rellenas de impotencia por no haber podido jamás vulnerar al búnker de las ideas, se desquitan haciendo estruendosas explosiones de dolor que dificultan oír el grito de justicia y nos niegan la capacidad de escucharnos. Lo triste de tanta muerte injustificada es que, otra vez, los que informan son ellos.