La Poderosa


Un tsunami de nafta by hastalavictoriasiempre
24 diciembre 2008, 4:54 am
Filed under: La Poderosa en Buenos Aires

 

sanclemar

 

Por primera vez, ese horizonte ilimitado, un mar de ilusiones, un mar de emociones, un mar. Y ahí nomás, la estampida. Un estallido del grupo al pisar la arena desparrama pedacitos de Zavaleta por toda la playa, desde los médanos hasta la orilla, todos corriendo, todos gritando, en un cierre de año inédito para los más bajitos del barrio.

Después de un año espectacular en la liga de Fútbol Popular, las categorías Cadetes, Juveniles y Mayores programaron su pretemporada de 5 días para la última semana de enero de 2009, y entonces por primera vez en la historia diciembre quedó para ellos, para los Mini, para los Infantiles. Juntos, partieron a San Clemente después de varias noches de ansiedad, de varias horas sin sueño, de varios años soñando. A las 5 de la mañana, mamis y papis despidieron la caravana, frente a la canchita de Iriarte.

 

sanclenoeDe la mano de sus entrenadores del barrio, Seba, Horacio y Alan, jugadores a la vez de las categorías mayores de Zavaleta, los peques armaban sus carpas en el camping unas horas después, con la motivación inmensa de conocer el mar lo antes posible. Así las carpas quedaron listas en pocos minutos y, en menos tiempo todavía, volaron las hamburguesas de la parrilla. Ya todo estaba listo. Llegaba la hora del mar. Pero entonces, la noticia: “Lamentablemente, el destino ha jugado una mala pasada y a razón de preparar la pista para la temporada de enero, han vaciado el mar para poder limpiarlo”, anunció una voz, ante 22 caritas que mezclaban la decepción con la ira. “¡Mentira!”, se escuchó enseguida, y la bandada partió rumbo al puente de madera que conectaba la calle de asfalto con el cielo de agua.

 

sanclecarpas(No pudimos hallar a nadie que pudiera describir esta parte, la de los pibes corriendo hacia el mar, la de las carcajadas porque sí, la de los abrazos al por mayor, la de los gritos de libertad). Tuvo que ser Noe, un terremoto de ternura, quien rompiera con su espontaneidad brutal la solemnidad de la escena. “Faaa, ¡esta agua está reee saladaaa!”. A su grito, muchos más, y “ohhh, Zavaleeeta, es un sentimiento no puedo pararrr”.

Desde el mediodía que recibió a los pibes en la playa, un juez comenzó a labrar la orden de desalojo del territorio marítimo para intentar persuadir la iniciativa de varios: quedarse a vivir en el mar, convertirse a sirenas. Y obviamente fracasó. Sólo el imán del fútbol pudo con ellos, y hasta ahí nomás. Fue fútbol en la orilla, con un lateral en los médanos y el otro en África.

Mientras tanto, en un oscuro rincón del camping, madres y entrenadores organizaban un guiso capaz de acabar con el fútbol y el mar en sólo unos gritos de convocatoria. Tremenda cena, para darle pie a tremendo fogón.  

 

 

GIGANTES, DE VERDAD

 

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A los premios que Zavaleta se entregó a sus propios valores en el fogón de San Clemente en el 2006, el fogón 2007 los hizo “Poderes”, y en el fogón 2008, el reconocimiento tuvo que ver con el tamaño. Sí, reunidos en ronda esta vez los Mini y los Infantiles, la ocasión invitaba a preguntarse dónde estaban los chicos. Más bien había grandes, sabios sin títulos, creativos sin sueldo, gigantes sin estatura. Y entonces llegó la hora de mirarnos a los ojos y contagiarnos la fuerza para el año que viene, repasando nuestra historia, reforzando nuestro futuro. Hubo fogón y esa atmósfera única de tantas caras iluminadas por una misma llama, por una misma identidad, por una hondonada de magia que, una vez más, encendió con fuego un volcán de agua. Nos hacía falta llorar.

 

El Gigante del Compañerismo: Fede.

El Gigante de la Imaginación: Kiki.

El Gigante de la Historia: Josué.

El Gigante del Liderazgo: Gonza.

El Gigante del Crecimiento: Alan (mini)

El Gigante del Corazón: Chichilo.

El Gigante de la Fortaleza: Noe.

El Gigante de la Paz: Axel.

El Gigante de la Bondad: Mateo.

El Gigante del Desafío: Leandro.

El Gigante del Compromiso: Martín.

El Gigante de la Garra: Gonzalito.

La Gigante de la Dulzura: Cuqui.

La Gigante de la Alegría: Dani.

El Gigante de la Emoción: Gaby.

El Gigante de la Locura: Fabri.

El Gigante de la Participación: Lulo.

El Gigante del Amor a la camiseta: Franco.

El Gigante de la Energía: Gustavito.

El Gigante del Aguante: Peladito.

El Gigante de la Justicia: Toshiro

 

 

RECUERDOS PARA PONERLES MARQUITOS

 

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Con los ojos húmedos del fogón, sonó un teléfono por la medianoche del sábado, para sumarle un valor agregado e imprevisto al domingo inolvidable. “¿Quieren venir a la carrera de autos que se corre mañana en Mar de Ajó, para estar en boxes, con los autos y los pilotos?”, preguntó una voz. Antes de escuchar la respuesta, nos vio llegar. Ahí estábamos la mañana siguiente, todos reunidos ya no frente al ruido del mar, sino de los motores imponentes de los autos tremendos del Top Race, que pasaban por al lado, tirando para atrás los pelos de Gustavo y sacando para afuera los ojos de Kiki. Recorriendo los boxes, como si estuviera esperándonos, apareció entonces Marquitos Di Palma, y se dispuso a charlar un buen rato con el Fútbol Popular de Zavaleta. Una firma, una foto, otra firma, otra foto, y firmame la campera, y firmame el gorro que dice Guri Martínez, y firmame la gorra que me acabas de firmar. Así fue el histórico encuentro, que segundos después se engrosó con la presencia del campeón, Emiliano Spattaro, que también compartió una charla y mil autógrafos. Mareados de tanto ruido y tantos autos, a las 12 volvió la combi, para emprender rumbo a Mundo Marino.

 

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El show de las motos de agua fue lindo, y conocer a los pingüinos también. Ni que hablar de ese lobo marino que superaba en altura a Cuqui, parada arriba de Alan, parado arriba de Kiki. A unas focas les dimos de comer y a los entrenadores les dimos para que tengan, en un laberinto de locura, que sirvió de entrada en calor para la tirolesa. De ahí, al safari terrestre y, al final sí, los delfines y la orca.

Todos admiraron el ingreso de los cetáceos con la emoción lógica, pero él no, él miró con desconfianza. Josué no compraba el paquete a simple vista. Más bien, observaba y observaba. Un animador le preguntó a los delfines si querían bailar, y todos ellos respondieron que no, con la cabeza. Fue entonces que Josué explotó de indignación: “¿Son señores, no es cierto?”, indagó. “¿Quiénes, Josué?”, le repreguntaron. “Esos, los animales… Son señores disfrazados”. Entre risas, los demás insistieron ante su desconfianza con la idea de certificar la condición legítima de esos delfines. Pero Josué ya tenía su sentencia: “Daaa, ¿y entonces cómo dicen que no?”.

Poco a poco, se le fue ensanchando la cara con una sonrisa de boca abierta y unos ojos cada vez más grandes, hasta que llegó el final, y la orca subió a la plataforma de la pileta. Entonces sí, la sorpresa venció a Josué, y su grito selló la foto de la memoria: “¡No tiene piernas!”.

 

sanclejosueDe vuelta al camping, no hubo opción de evitar el mar. La despedida de la playa, con su correspondiente chapuzón, hizo más ricos los fideos que con tanto amor prepararon las mamis, antes de la expedición con linternas, en el último juego del campamento. La vuelta fue tratando de entender cómo fue que sucedió, cómo fue que en dos días pasaron tantas cosas. Pero sobre todo, la vuelta fue convencidos, convencidos de que la realidad se transforma si lo decidimos, como lo decidieron Alan, Horacio y Seba, tres pibes que un día aceptaron jugar en equipo, para conocer amigos. Y en este viaje a la utopía, cuatro años después, fueron los mozos que atendieron las mesas, los bañeros que cuidaron de los pibes en el mar, los serenos que montaron la guardia a la noche, los mediadores de cada discusión y los estandartes de una iniciativa social que no promete transformar la realidad. La transforma.

 

 

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La Poderosa, por la senda del faro cubano by hastalavictoriasiempre
24 diciembre 2008, 4:35 am
Filed under: Cuba va

 

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No había llegado el momento hasta ahora. Hicieron falta cuatro años, en el tercer viaje de La Poderosa, para encontrarnos en Argentina y de la manera que soñábamos con la revolución cubana, con el internacionalismo proletario que pregona la batalla de ideas, sentados en una misma mesa, pero no para darnos una palmada en la espalda, ni para recordar tiempos pasados. Para subirnos al Granma, otra vez.

No había razón de ser para que La Poderosa se pusiera a disposición de Cuba, con un vínculo preestablecido y con una misión específica, en la medida que no estuviera aceitada la moto, que no estuviera definido el rumbo. Desde este año 2008 que se va, La Poderosa no sólo mantendrá con Cuba su histórico e inquebrantable lazo de identidad, sino también un acuerdo orgánico de participación activa en la operativa del plan de alfabetización Yo Sí Puedo y la Misión Milagro, una estrategia para devolverle la vista a tantos que padecen cataratas, terigio y exclusión, una operación para devolverle la lectura y la vista, a las miradas que pretenden mandar a negro.

 

En un primer encuentro, en el Salón Ernesto Che Guevara de la embajada cubana en Buenos Aires, durante la reunión interprovincial de La Poderosa del mes de agosto se asentaron las bases para apuntalar ambos programas en cada una de las provincias por las que hoy anda este colectivo. Y finalmente, con la presencia física de un gran compañero cubano en la reunión interprovincial de noviembre, se rubricó el acuerdo, por lo cual en el verano se llevarán adelante los relevamientos necesarios en Zavaleta y en Córdoba Capital, para iniciar nuevos focos del Yo sí Puedo.

A su vez, tanto en Córdoba, como en Buenos Aires y en Yerba Buena, Tucumán, La Poderosa ha comenzado la convocatoria para facilitar el acercamiento de vecinos a los oftalmólogos correspondientes para determinar qué pacientes estan aptos de ser operados de la vista, con los médicos, el equipamiento y el espíritu solidario de la isla que funciona como faro de esta moto.

 

Cuando la motivación no está puesta sobre ningún escenario y el plan no incluye fotos, ni cholulaje, la prioridad no es la reflexión estéril de una historia abiótica, ni el debate enfurecido de mil cosmovisiones atrapadas entre libros, ni la adhesión compulsiva a elencos iluminados en las marquesinas del sector popular, ni la ametralladora de nombres y siglas que dicen ser más ‘política’ que el trabajo comunitario, o que la articulación interregional detrás de un mismo objetivo apartidario, o que el voluntariado anónimo que fortalece a los barrios sin asistencialismo, o que el desafío de volver a poner a la clase media de cara a la realidad de los pueblos más castigados, o que la ardua tarea de fortalecernos desde la base, o que la decisión política de generar conciencia antes que candidatos. Tal vez por eso, en más de una reunión semanal, se hayan priorizado las problemáticas territoriales ante la teoría que conduce al anclaje. Tal vez por eso, haya pasado un buen tiempo para que más y más compañeros se acercaran a la historia del Che, que es la historia de Fidel, que es la historia de Cuba, desde el sacrificio por la utopía, desde el único terreno fértil para una verdadera transformación. La muerte heroica del Che y la vida heroica de Fidel, no pueden entenderse sólo dentro de una biblioteca.

Hablar de Cuba, en La Poderosa, es hablar de compromiso, de solidaridad, de fortalecimiento popular, sin discursos envasados al vacío, ni falsas versiones de horizontalismo que sólo sirven para acostarse a dormir una siesta sin sudor, que no se parece a ninguna revolución. La articulación responsable demanda compromiso y la convicción de asumir la causa como propia.

 

Tal vez por eso, porque la causa cubana es nuestra causa, estos dos pasos junto a los compañeros cubanos en Argentina se presentan ya como los primeros, y solamente los primeros, de un inmenso camino que empezamos a recorrer hace cuatro años, alimentando el sueño de festejar el 50 aniversario de la revolución cubana con la certeza de que abocaremos nuestra vida a seguir celebrándola siempre, facilitando todos los canales necesarios para que fluya su enorme caudal de humanidad por cada arteria de América Latina.