La Poderosa


Fue la lucha, tu vida y tu elemento by Pablo Lisotto
26 abril 2007, 1:15 pm
Filed under: La Poderosa en Buenos Aires

Fuentealba

¿Por qué es noticia Fuentealba? ¿Porque es docente? ¿Porque tiene un sueldo que no es digno? ¿Porque lucha por ése y otros temas que no sólo lo afectan a él? ¿Porque es un gran profesor y un gran tipo? ¿Porque tiene años de militancia? ¿Porque es solidario? ¿Porque ama a su compañera y a sus hijas? ¿Porque aunque siempre sintió la docencia, recién a los 38 años logró recibir el título de “maestro”? ¿Porque para estudiar, además “de trabajar muy duro, viajaba 20 kilómetros en bicicleta por día”? ¿Porque es una persona sensible? ¿Porque es el profesor más querido entre sus alumnos? ¿Porque sabe escuchar y dar consejos?

No, Fuentealba es noticia porque un policía lo fusiló por la espalda, tirándole una granada de gas lacrimógeno desde menos de siete metros de distancia. Otra vez el poder, no satisfecho con decidir sobre las vidas, se mete con las muertes. Está acostumbrado a hacerlo, es un asesino profesional con la habilidad de pasar inadvertido mientras mata de a millones. Y esa es la impunidad que lo lleva a equivocarse, a creer que por ser el poder puede, puede todo. Pero no, se olvida que hay otro poder, que no por menos organizado tiene menos fuerza. Y a ese poder, que por momentos parece invisible, dormido, agonizante, Fuentealba con su muerte lo muestra, lo despierta, lo revive. Y entonces las calles se llenan de gente indignada, y ahora sí todo el mundo está de acuerdo con que es una barbaridad lo poco que ganan los maestros, y ahora también todos se enteran de que el “conflicto docente” se vive en Salta y en otras provincias y que en Santa Cruz, en vez de profesores, hay gendarmes en las escuelas.

Eso sí, los primeros detenidos por la muerte de Fuentealba no son policías ni políticos, sino militantes que no se aguantaron lo mismo que nadie se aguantó desde el living de su casa. Y entonces otra vez el poder, experto inescrupuloso, respira aliviado al ver que, de a poco, se van ordenando las cosas, que las marchas ya no son multitudinarias, que “la noticia” se va achicando y los medios pasan a ser fines de comunicación, y entonces ahora hay que hablar del tema pero desde otro lugar, por ejemplo, desde los padres indignados que toman escuelas “por la educación de su hijos”.

Ahí es cuando la muerte de Fuentealba, que ya dolía, empieza a doler más. Y duele más porque es la muerte de Fuentealba, de Víctor Choque, de Teresa Rodríguez, de Maximiliano Kosteki, de Darío Santillán y de miles de personas anónimas que lucharon, luchan y seguirán luchando para que otros miles no sólo no se sigan muriendo, sino que puedan vivir dignamente.