Archivado en: Trabajo Voluntario

El calor del marzo cordobés apabulla a muchos. Una siesta y una calma interminables parecen mecerse sobre la tierra. Pero sólo es apariencia. Debajo del sol, el ajetreo continúa, la vida sigue y despiertos los barrios buscamos en cada esquina la posibilidad de transformarnos genuinamente. No por medio del fruto de dádivas efímeras con sabor a egoísmo, ni por el oportunismo figurativista. Se trata del sudor vecinal arraigado en el convencimiento del poder de cambio que tiene nuestra comunidad en su base. Y entonces se grita cambio en Bajo Yapeyú, de adentro hacia afuera, del único modo que se puede gritar. Un pequeño cambio pero con mucha fuerza: limpiar un predio del barrio, atiborrado de yuyos altísimos, de malezas espinosas, piedras, bichos y vidrios, para cumplir con el sueño de crear un espacio comunitario con una canchita de fútbol y un centro de recreación.

El Campito de Todos fue de todos. Los chicos y chicas de Bajo Yapeyú resolvieron participar activamente de la construcción y se volvieron los grandes protagonistas de la jornada de trabajo. Ansiosos y provistos de una voluntad de ensueños, nacida del compromiso con su barrio, se arremangaron las remeras y le pusieron los hombros a la tarde. Algunos eran duchos con el machete y otros preferían las palas para cavarse un hueco en el equipo, entre los arrancadores manuales de yuyos, los acarreadores de escombros, los apisonadores de tierra, los recolectores de malezas y los aguateros solidarios del refresco indispensable. Pero también los vecinos mayores fuimos parte de la jornada, puesto que los padres equiparon de herramientas a sus hijos, mientras que otros vecinos ofrecieron las picotas, palas y machetes para el trabajo en conjunto. Ante las vecinas que acercaban jugo revitalizante para los esforzados trabajadores, la maleza fue cediendo a la voluntad de los picos y tijeras, que paulatinamente moldeaban el paisaje. Todos abríamos los ojos bien grandes y nos reconfortábamos con la tarea. Queda mucho por hacer, sí, pero fue el principio de algo grande. La historia continuará. Habrá que decidir la ubicación de la cancha, poner los arcos, pintar las líneas… Nos espera una ardua tarea. Bienvenidas sean para entonces todas las manos, todas las ideas, todas las ganas y todo el compromiso comunitario.
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No pasó por ahí la mano del Estado, ni la ondeada de alguna ola electoral, de esas que traen agua fresca por un rato, pero en seguida se van y sólo dejan basura, o conchillas. Tampoco pasó por ahí la estrategia publicitaria de una empresa que explota a los vecinos, ni la ráfaga benéfica de algún puntero con hambre de campaña… La única campaña que hace ruido en el barrio, es la campaña del equipo de Fútbol Popular de Zavaleta, que se arremangó hasta el hombro, para remodelar la canchita de Iriarte.
Ahí se puede ver. Ya no están desordenadas las viejas alfombras, ni quedan pozos en la tierra, ni agujeros en el alambre. Todo eso se arregló, con el trabajo voluntario de todas las categorías. Y así también comenzaron a llegar manos amigas. Una cascotera vecina acercó un volquete con polvo de ladrillo para emparejar el suelo, mientras que los muchachos de la ranchada vecina se comprometieron a aportar los focos, para que pronto también haya iluminación.
Poco a poco se fue avanzando en la obra, entre picos, palas y muchos amigos. Y la última semana llegó el momento de pintar los arcos de blanco y negro, los colores de la camiseta de Zavaleta desde que el Coreano, de 8 años, justificó que “así, nos representa a todos, los blancos, los negros…”.

Los próximos domingos de septiembre, continuará el trabajo en la canchita. Habrá que conseguir una nueva montaña de polvo de ladrillo, y suficientes manos como para poder movilizar hasta el córner un poste que permitirá completar el alambrado. De materiales, se necesitan redes, precintos, goma espuma, cal, y propuestas para encontrarle una solución definitiva a las líneas del potrero.
El proyecto consensuado entre grandes y chicos planea terminar la obra este mes, para poder finalmente realizar un gran festival de inauguración, que compartiremos en familia.
Si no conocés el barrio, o si nunca viste jugar a un equipo de fútbol popular afuera de la cancha, te invitamos a Iriarte y Zavaleta, cualquier domingo, a las 10 de la mañana, a trabajar con los chicos y los vecinos en la construcción de un mundo mejor.