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No había llegado el momento hasta ahora. Hicieron falta cuatro años, en el tercer viaje de La Poderosa, para encontrarnos en Argentina y de la manera que soñábamos con la revolución cubana, con el internacionalismo proletario que pregona la batalla de ideas, sentados en una misma mesa, pero no para darnos una palmada en la espalda, ni para recordar tiempos pasados. Para subirnos al Granma, otra vez.
No había razón de ser para que La Poderosa se pusiera a disposición de Cuba, con un vínculo preestablecido y con una misión específica, en la medida que no estuviera aceitada la moto, que no estuviera definido el rumbo. Desde este año 2008 que se va, La Poderosa no sólo mantendrá con Cuba su histórico e inquebrantable lazo de identidad, sino también un acuerdo orgánico de participación activa en la operativa del plan de alfabetización Yo Sí Puedo y la Misión Milagro, una estrategia para devolverle la vista a tantos que padecen cataratas, terigio y exclusión, una operación para devolverle la lectura y la vista, a las miradas que pretenden mandar a negro.
En un primer encuentro, en el Salón Ernesto Che Guevara de la embajada cubana en Buenos Aires, durante la reunión interprovincial de La Poderosa del mes de agosto se asentaron las bases para apuntalar ambos programas en cada una de las provincias por las que hoy anda este colectivo. Y finalmente, con la presencia física de un gran compañero cubano en la reunión interprovincial de noviembre, se rubricó el acuerdo, por lo cual en el verano se llevarán adelante los relevamientos necesarios en Zavaleta y en Córdoba Capital, para iniciar nuevos focos del Yo sí Puedo.
A su vez, tanto en Córdoba, como en Buenos Aires y en Yerba Buena, Tucumán, La Poderosa ha comenzado la convocatoria para facilitar el acercamiento de vecinos a los oftalmólogos correspondientes para determinar qué pacientes estan aptos de ser operados de la vista, con los médicos, el equipamiento y el espíritu solidario de la isla que funciona como faro de esta moto.
Cuando la motivación no está puesta sobre ningún escenario y el plan no incluye fotos, ni cholulaje, la prioridad no es la reflexión estéril de una historia abiótica, ni el debate enfurecido de mil cosmovisiones atrapadas entre libros, ni la adhesión compulsiva a elencos iluminados en las marquesinas del sector popular, ni la ametralladora de nombres y siglas que dicen ser más ‘política’ que el trabajo comunitario, o que la articulación interregional detrás de un mismo objetivo apartidario, o que el voluntariado anónimo que fortalece a los barrios sin asistencialismo, o que el desafío de volver a poner a la clase media de cara a la realidad de los pueblos más castigados, o que la ardua tarea de fortalecernos desde la base, o que la decisión política de generar conciencia antes que candidatos. Tal vez por eso, en más de una reunión semanal, se hayan priorizado las problemáticas territoriales ante la teoría que conduce al anclaje. Tal vez por eso, haya pasado un buen tiempo para que más y más compañeros se acercaran a la historia del Che, que es la historia de Fidel, que es la historia de Cuba, desde el sacrificio por la utopía, desde el único terreno fértil para una verdadera transformación. La muerte heroica del Che y la vida heroica de Fidel, no pueden entenderse sólo dentro de una biblioteca.
Hablar de Cuba, en La Poderosa, es hablar de compromiso, de solidaridad, de fortalecimiento popular, sin discursos envasados al vacío, ni falsas versiones de horizontalismo que sólo sirven para acostarse a dormir una siesta sin sudor, que no se parece a ninguna revolución. La articulación responsable demanda compromiso y la convicción de asumir la causa como propia.
Tal vez por eso, porque la causa cubana es nuestra causa, estos dos pasos junto a los compañeros cubanos en Argentina se presentan ya como los primeros, y solamente los primeros, de un inmenso camino que empezamos a recorrer hace cuatro años, alimentando el sueño de festejar el 50 aniversario de la revolución cubana con la certeza de que abocaremos nuestra vida a seguir celebrándola siempre, facilitando todos los canales necesarios para que fluya su enorme caudal de humanidad por cada arteria de América Latina.
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El zócalo sobreimpreso en el nuevo canal de televisión, una palangana de pus hadadista que dio asilo a los grondonas y los gonzalezoros, lo dice bien clarito: “Llegaron los celulares a Cuba”. El subtitulo, por si acaso, lo refuerza: “La isla sigue afirmando su rumbo a la apertura”.
Hasta ahí, más de lo mismo. Putrefactos los oídos de escuchar hasta el hartazgo la palabra “transición”, poco han escuchado de la retractación, cuando Raúl anunció que cada medida trascendental la consultaría con Fidel, pero fue entonces que entró a escena el nuevo denominador común de Cuba en los medios de desinformación argentinos: “La Apertura”.
Es muy bueno. Habría que darlo en los colegios. En medio de la despampanante decoración gráfica en la pantalla, por arriba, por abajo, por atrás, como un kamasutra del televisidio, y tras cerrar con formalismo religioso el pomposo anuncio del muñeco recitador de noticias, que jamás se detendrá a analizarlas un poco, apareció por fin un cubano en escena, la única palabra cubana de todo el informe, que por ser una sola, bien podrían haberla elegido entre miles, o haber sido circuncidada a gusto y conveniencia, como nos tienen acostumbrados. Pero no, esta vez ni siquiera se tomaron la molestia. Mandaron una sola entrevista al aire, para sostener “la apertura” de Cuba a la epidemia del capitalismo salvaje, una sola, apenas una boca cubana como referencia de la gran noticia.
Una entrevista, y una pregunta: “¿Qué siente ahora que puede llevar un celular”, indagó la cronista, con la voz recia de una investigadora conciente, como si estuviera librando la campaña libertadora contra los que la explotan para que hable sin pensar. “Pues muy bien”, respondió el cubano. Y la periodista asintió entonces con una sonrisa. Quizá no haya escuchado lo que vino después. O quizá no lo haya entendido. “Muy bien, realmente, es un placer estar a la par del desarrollo tecnológico del mundo, y esto se lo debemos a la revolución. Este celular que tengo, la revolución me lo ha dado”.
Obviamente, las noticias subsiguientes de la isla siguen hablando de apertura. Todos los medios, todos los días, hablan de apertura. ¿Cuál es la apertura de un pueblo que accede a los avances tecnológicos, sin negociar lo que nunca ha negociado, enteramente inmerso en su resistencia histórica y heroica? ¿Por qué no hablan de apertura al socialismo, cuando los gobiernos satélites del imperialismo en el tercer mundo, columnas que sostenían al Plan Cóndor, empiezan a doblar a la izquierda, con políticas de pseudoinclusión y banderas de derechos humanos para que no se los coma el fervor revolucionario que quisieron aplacar con los Batista, los Pinochet y los Videla? ¿Qué cosa tiene que ver el capitalismo del que hablaba Ford, ése de los obreros capaces de comprar con su salario los autos que producían, con éste actual, donde la mano de obra explotada de los supermercados no recauda lo suficiente como para comprar la carne o la leche para sus pibes? Después de 49 años agazapados a la espera de hallar algún punto para poder relacionar al socialismo cubano con los improperios stalinistas, ¿no será hora de reconocer que el analfabetismo cero y los desarrollos en salud, de un país bloqueado económicamente, son más relevantes que los modelos de la telefonía celular? ¿Y si no lo reconocen así, no sería justo destacar que la telefonía celular ha llegado después de algunas necesidades básicas satisfechas? Nos hemos cansado de pedir desde esta misma plataforma y varias más, que si tanto confían en el declive del modelo cubano, lo dejen morir. No más bloqueo, no más boicot, no más prisión para los 5 héroes. Con bloqueo y con boicot, esa isla exporta salud y educación donde exportan muerte los que se dicen enviados de Dios y combatientes del terrorismo.
La Poderosa tiene su base en Latinoamérica, y encuentra en Cuba un faro de esperanzas cada día. Raúl no es Fidel, porque Fidel, es Fidel. Raúl es Raúl, y gobierna a una isla concientizada, que puede elegir su rumbo sin que anden bregando por su libertad los que no han sabido resolver la desnutrición infantil de sus propias tierras, con infinitos recursos más, divisas adquiridas a cambio de una dignidad que Cuba no negocia. En el rumbo que tome el pueblo cubano, verá huellas de luz el espíritu de La Poderosa. Y mientras quieran vendernos apertura y confrontaciones, seguiremos levantando más alto y más alto, la bandera que supo clavar el Che. Pues si ahora dicen que Fidel se pelea con Raúl, mediante las columnas de Granma, en las que sólo insta al pueblo a no comprar la apertura que las multinacionales de la comunicación pretenden imponerle, más vale que empiecen a rectificar los 49 años de propaganda contrarrevolucionaria, mediante la cual estos mismos medios que difunden la supuesta disputa de poder, le han sembrado al mundo la idea del periodismo abiótico y esclavo en la isla, en vez de profundizar en cuál sería un mejor camino para responder al bombardeo mediático imperialista, con una plena libertad de prensa. Pues titulen ahora, que Fidel y Raúl discuten por “la apertura”, pero que no se les olvide poner otro título al lado que diga: “Nos equivocamos: en Cuba se puede discutir”.
Quizá sea que Granma responde a Fidel. O quizá sea que Raúl en realidad aceptó tomar un fúsil contra la dictadura de Batista, y alimentar el liderazgo de su hermano, y soportar la expropiación de las tierras de su familia, porque estaba esperando a ser un septuagenario que pudiera lucirse ante las cámaras del mundo, echando por la borda la dignidad inmortal del pueblo cubano. Nosotros confiamos en Raúl, porque en Cuba gobierna el pueblo cubano. Y el pueblo cubano, alimentado y educado, es el mejor legado de nuestro compañero Fidel.