Archivado en: La Poderosa en Buenos Aires

Cada domingo presta un pedacito de siesta para abrir el espacio de las manos que hacen vibrar el aire, resonando los tambores. La música irrumpe el paso de los curiosos que se arriman y se animan. Y así, entre las 16 y 18.30, el césped de las Tres Tiras se viste de fiesta e invita a todas las personas de todos los rincones de Zavaleta a participar en la construcción colectiva de esta murga que crece, pasito a pasito, sonido a sonido, con el ritmo de Dani, Maira, Horacio, Maxi, Tatiana, Zequi, Jhony y todo un barrio que la hace latir. ¿Te da ganas de verla? ¿De tocarla? ¿De sentirla? ¿De bailarla? Arrancale un par de horas a tu modorra dominguera, para tirarte de cabeza a la murga murguera popular y andariega. ¿Sabés de murga y querés aportar? La ronda te hace el lugar. ¿No sabés nada de murga y querés aprender? Un lugar te hace una ronda.
Desde el repaso audiovisual de la historia de una murga que supo construir un corso sin negociar su identidad, nos enredamos uno de estos domingos en un gran círculo de ideas para reflexionar acerca de qué cosa significa la murga, y cómo se originó, y el porqué de los trajes, las galeras y los colores llamativos. Tanta vuelta, y tanta ida, para seguir marcando todos juntos el rumbo utópico de la Murga Popular.
Suenan los tambores
El sonido queda suspendido en el aire,
y se respira
y se siente
y se baila.
Pasitos, bombos, redoblantes.
Así suena la esperanza.
Así suena la vida que busca el cambio,
el cambio que ya da frutos
y nace la murga…
Archivado en: La Poderosa en Tucumán

Es lunes. Y Ale está a la espera de entrenarse, para jugar con sus amigos, ya desocupado de la escuela. Deja sus cosas en casa y corre hasta el campito, en la esquina. Ahí lo esperan Carlitos, Ariel, Miguel, Cocó, Tuby… Todos listos, para acordar las reglas del partido y comenzar a divertirse, previo a un debate que quedará en la historia de Yerba Buena.
La pelota en movimiento baja las ansias de compartir las ideas que harán a la identidad, pero una vez terminado el partido, el cansancio incrementó su mala racha y volvió a perder por goleada con las ganas de quedarse un rato más, para seguir compartiendo el fútbol popular, ya sin pelota. Hubo ronda, amigos, risas, sueños. Y una propuesta.
- ¿No les parece que es hora de ponerle nombre y colores a nuestro equipo?, dijo Miguel.
- Sí, ¿pero cuáles?, indagó Ariel.
- ¡Club Diagonal Norte!, gritó Tuby, exaltado y eufórico.
- No me parece, porque yo no vivo en Diagonal Norte y también soy del equipo, señaló Ale.
- Tenés razón - aportó Cocó, y lanzó su contrapropuesta-: “Club Campo Norte”, porque es el lugar donde jugamos.
- Mmm, no sé. ¿Y con qué colores? -se preguntaba Carlitos-. ¡Ya sé! Negro y blanco… Bah, no sé, digo.
La propuesta gustó, “pero esos ya son los colores de Zavaleta”, señalaron algunos, recordando a sus compañeros del Fútbol Popular de Buenos Aires. Y así quedó abierto el debate, que finalmente le dará nombre y color a la identidad del barrio, del grupo, del equipo que tira para el mismo lado.
- Y si en lugar de blanco y negro elegimos…
- Mmm… ¿vos decís?…
- ¡Ya está! Lo tengo. Los colores tienen que ser…
CONTINUARÁ…